Conferencia inaugural da formación permanente de Mons. Fernando Chica Arellano

/ Outubro 24, 2017/ Instituto, Noticias

El pasado martes 4 de octubre, con motivo del inicio de Curso de Teología para Sacerdotes 2017-2018, Mons. Fernando Chica Arellano (observador permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, mundialmente conocida como FAO, por sus siglas en inglés: Food and Agriculture Organization) impartió en el salón de actos del Seminario Mayor San José una conferencia bajo el título “El estilo evangelizador del Papa Francisco: la palabra se hace gesto”, señalándonos la gran importancia que la Exhortación Apostólica del Beato Pablo VI Evangelii Nuntiandi, publicada en diciembre de 1975, tiene en el pontificado de Su Santidad el Papa Francisco, para quien evangelizar es llevar con alegría el Evangelio de Jesucristo, no sólo de palabra, sino también con los gestos.

Destacando la presencia del Papa Francisco en medio de su pueblo como un rasgo característico del Sumo Pontífice, Mons. Chica hizo un recorrido a lo largo de su Pontificado, analizando los grandes gestos con los que en silencio nos habla el Papa, y con los que nos recuerda que ‘donde hay sufrimiento humano ahí está la Iglesia, porque la Iglesia es escuela del mejor humanismo y experta en humanidad.’

Trajo a nuestra memoria aquel árbol plantado en noviembre de 2015 en África por el Papa, y conocido ya por los kenianos como ‘el árbol del Papa de los pobres’, como un gesto simbólico sencillo, cargado de significado, pues, es tradición que los jóvenes kenianos planten un árbol al emprender sus estudios universitarios como reflejo de una mirada esperanzada hacia el futuro, lejos del oscuro pesimismo.

De este modo, Mons. Chica nos indicó la intención del Papa de recordarnos que no somos dominadores, sino custodios de la naturaleza y de todo hombre, especialmente de aquéllos crucificados por las veleidades derivadas de la injusticia y del cambio climático. Asimismo, destacó la ilusión y la confianza puestas en el crecimiento del árbol plantado, pues, como el Papa Francisco nos recuerda en su Carta Encíclica Laudato Si’, somos hijos de la esperanza, la cual ‘nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo’ (n. 61). Finalmente, llamó al compromiso en el acompañamiento que todo pastor ha de llevar a cabo con la grey a él confiada; acompañamiento que le llevará a situarse no sólo delante indicando el camino, sino también detrás para ayudar a quien cae rendido ante el peso de su cruz y corre el riesgo de quedar olvidado en la cuneta de la vida y del progreso, e incluso en el centro, escuchando, dialogando y acompasando sus pasos al ritmo de las ovejas más temerosas; acompañamiento cuya virtud decisiva es la paciencia, no sólo con los demás, sino primariamente con uno mismo.

En el mismo viaje a África, el Papa Francisco realiza otro gesto de enorme calado en Bangui, la capital y ciudad más grande de la República Centroafricana, un empobrecido país marcado por la lucha fratricida. En la Catedral de dicha ciudad abre una sencilla puerta que aún desprendía el olor a madera barnizada, el olor al taller de Nazaret, como anticipo de Año Santo de la Misericordia, reflejando que la Iglesia es ‘casa de acogida’ donde se experimenta una calurosa fraternidad, pero, simultáneamente, es ‘Iglesia samaritana y peregrina’, ‘Iglesia en salida’, que se lanza en búsqueda del hombre sufriente para curar sus heridas.

 

Igualmente destacó el abrazo que el Papa se daba con el Patriarca ortodoxo ruso Kiril en Cuba en febrero de 2016, un abrazo histórico y cargado de ternura y misericordia, tendente a construir puentes de unión en vez de fronteras, así como la trágica transformación que el Mar Mediterráneo, el ‘Mare Nostrum’, cauce de encuentro e intercambio, estaba experimentando para convertirse en tumba de muerte, en sus viajes a Lesbos (Grecia) y a Lampedusa (isla italiana) en julio de 2013 y abril de 2016, respectivamente.

Quiso concluir su intervención recalcando la ‘comunión’ como categoría constitutiva de la persona, así como el ‘discernimiento’ como categoría moral con la que hacer frente a los interrogantes de la vida, invitando a los asistentes a escuchar el grito de dolor del hermano, pues, según el ‘Informe sobre estado de la inseguridad alimentaria en el mundo’ elaborado por la FAO, existe actualmente un total de 850 millones de hambrientos, 38 millones más que en el año anterior, siendo ésta no un cifra o un número, sino un rostro, el rostro de Cristo en el hermano sufriente.

Abierta la ronda de preguntas, se destacó el escaso conocimiento de la Laudato si’ en ambientes eclesiales, no así en ámbitos científicos y universitarios, donde su presencia era de enorme relevancia.

Al ser preguntado sobre su labor como representante de la Santa Sede en la FAO, Mons. Chica respondía con las siguientes palabras: “Doy voz a los que no tienen voz, hablando de temas de los que nadie habla y todos acallan”.

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