A biblioteca de Alexandría

/ Febreiro 6, 2017/ Biblioteca, Descubrir...

LA FUNDACIÓN

La Biblioteca de Alejandría fue la más grande del mundo antiguo. Su historia comenzó cuando Alejandro Magno fundó la ciudad de Alejandría, en el siglo IV a.C., convirtiéndose en el centro cultural e intelectual del mundo helenístico.

El  historiador griego Plutarco, narra el episodio de la fundación de la ciudad de Alejandría[1]:

“Cuentan, en efecto, que una vez conquistó Egipto, quiso fundar una ciudad que fuera grande y populosa, y denominarla según su propio nombre; y ya tenía casi medido y acotado el emplazamiento, según consejo de los arquitectos, cuando durante la noche, acostado, tuvo una visión maravillosa; le pareció que un anciano de canosa cabellera, de aspecto muy venerable, colocándose a su lado, le recitaba los siguientes versos:

Una isla hay allí que rodean las olas sin cuento:

Faro lleva por nombre y está frente a Egipto

ÉPOCA DE ESPLENDOR

A la muerte de Alejandro, los dos primeros Ptolomeos adquirieron el control de la ciudad y se esforzaron en hacer de Alejandría la hermosa capital de su reino, convirtiéndola en el foco más brillante de la vida científica y cultural de la época. Ptolomeo I Sóter construyó la Biblioteca, y su hijo Ptolomeo II Filadelfo, el Museo, las dos instituciones más prestigiosas de aquellos momentos. Entre otras maravillas de Alejandría nos encontramos el Faro, el Palacio Real, el Gimnasio, el Serapeo[2] y las tumbas regias (el Soma).

La Biblioteca era el edificio más famoso y representativo del Museo, institución que albergaba a los sabios más desatacados de la época de todas las ramas de la ciencia y la literatura. En sus estanterías, con más de 500.000 rollos de papiro, se encontraba material documental de temáticas muy diversas: ciencias, literatura, filosofía, etc.

El puesto de bibliotecario era el de más categoría en el Museo, fue ocupado por los más ilustres y sabios universales como Zenódoto de Éfeso, que fue el primero en ordenar las producciones del teatro griego y los cantos de Homero, Apolonio de Rodas, Eratóstenes, Aristófanes de Bizancio, Apolonio Pantógrafo y Aristarco de Samotracia. Entre estos bibliotecarios destaca la figura de Calímaco de Cirene, a quien Ptolomeo II encargó la catalogación de los fondos de la Biblioteca. En respuesta a esa petición, Calímaco, considerado por algunos como “el padre de los bibliotecarios”, elaboró las llamadas Pinakes (en griego antiguo Πίνακες “tablas”): “tablas de personas eminentes en cada rama del saber junto a una lista de sus obras” que permitieron clasificar y catalogar la colección bibliográfica de la gran Biblioteca de Alejandría. Este “catálogo” se componía de más de 120 rollos o tablas que clasificaban, de forma detallada, todo el fondo documental. Por desgracia, estas Pinakes no se han conservado, pero tenemos constancia de su existencia por las referencias que los autores antiguos hacían de ellas.

A esta Biblioteca, llegaron estudiosos de todas las ramas del saber y en ella estudiaron figuras destacadas como Euclides quien formuló sus leyes de Geometría, Arquímedes descubridor del principio del empuje hidrostático, Hiparco de Nicea, que explicó a todos la Trigonometría, y defendió la visión geocéntrica del Universo, Eratóstenes que trazó su mapa del mundo habitado en Geografía, los astrónomos Timócaris y Aristilo, …

COMIENZA LA DECADENCIA

Según los historiadores más relevantes, más de cuarenta mil rollos de la biblioteca se perdieron para siempre en el “primer incendio” causado por la táctica militar de Julio César en el año 48 a.C.

Posteriormente Marco Antonio la mandó reconstruir y la enriqueció con 200.000 volúmenes procedentes de Pérgamo.

La “segunda destrucción” de la Biblioteca será en el siglo IV d.C., cuando el obispo Teófilo I irrumpirá con una turba de cristianos en el edificio saqueando y provocando el incendio que destruirá joyas de la sabiduría antigua en todos los ámbitos.


A pesar de todos los avatares sufridos conservó su rango de gran urbe y capitalidad intelectual hasta la época de la dominación árabe en el año 640 d.C., cuando la ciudad es capturada por un ejército musulmán al mando de Amr ibn al-As. Y fue justamente este general quien, según la tradición, habría destruido la Biblioteca cumpliendo una orden del califa Omar.

Después de casi 1600 años, la comunidad internacional, por medio de la UNESCO, financió un proyecto para la reconstrucción de la antigua biblioteca de Alejandría que renació en octubre de 2002 para recuperar el espíritu de la antigua Biblioteca original de Alejandría y se encuentra ubicada en el mismo lugar por el que transitaron los grandes pensadores de la antigüedad. La nueva biblioteca se asemeja a un disco en ángulo o a un reloj de sol y fue diseñada por la firma noruega Snohetta.

Para saber más …

  • Plutarco, Diodoro Sículo (1986): Alejandro Magno (ed. de Antonio Guzmán Guerra). Madrid: Akal
  • García Gual, C. (2006). «Alejandría. La última capital de Egipto», National Geographic (32), octubre 2006, pp. 30-42

Internet

[1] Véase Plutarco, Diodoro Sículo (1986): Alejandro Magno. Madrid: Akal, p. 66

[2] Monumental santuario para el culto de Serapis, fundado en el año 300 a. C. por Ptolomeo I Sóter y ubicado en la ciudad de Alejandría.

Se mantiene lengua de la Autora

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